Movimiento Nadaísta, sin política y sin dios

El movimiento Nadaísta marcó la vida de un grupo de jóvenes dispuestos a cambiar el mundo, al menos, el antioqueño. Sus ideas se difundieron por varios lugares del país y  lograron causar malestar en diferentes sectores de la sociedad. Hoy en día, muchos recuerdan sus textos y las intenciones de romper los esquemas tradicionales y conservadores de la política, la religión y la Academia.

Nace Gonzalo Arango y, con él, el Nadaísmo

La historia comenzaría el 18 de enero del año 1931, cuando otro de los tantos hijos de la familia Arango Arias vio por primera vez la luz en un pueblo antioqueño llamado Andes. Nace pues, Gonzalo Alonso Arango Arias con un  futuro para ese entonces incierto, pero que al cabo de 27 años cobró forma tras la creación de uno de los movimientos más importantes desarrollados en la ciudad.

El inicio de todo tuvo lugar tres años después de que Gonzalo Arango abandonara sus estudios de Derecho en la Universidad de Antioquia. Sentado en su silla, frente a una mesa llena de papeles, transcurría sus días trabajando en el puesto que se había ganado en el MAN (Movimiento de Acción Nacional), la tercera fuerza del entonces presidente de Colombia, General Gustavo Rojas Pinilla. El 10 de mayo de 1957 trajo consigo la caída del mandatario, lo cual perjudicó a Arango, quien estuvo acorralado por una multitud vociferante que se encontraba en el edificio Antioquia saqueando oficinas, rompiendo vidrios y destruyendo retratos del “Jefe Supremo”.

Arango se escondió en el Chocó y luego fue a Cali, donde empezó a divulgar una serie de ideas y pensamientos que él denominaba “nadaístas”. Allí, al igual que en Medellín, encontró el apoyo de varios  jóvenes que se unieron a su causa, dando forma a lo que sería el nacimiento de una nueva corriente literaria y revolucionaria a la vez, un movimiento diferente para la sociedad antioqueña: El Nadaísmo. 

      Gonzalo Arango 

En busca de una nueva opción de vida

Los colombianos vivían una época de violencia  que arrasaba con el país, a través de múltiples asesinatos y la destrucción de la propiedad. Para ese entonces, solo “participaban” los dos partidos políticos: el Conservador y el Liberal, causando la denominada violencia bipartidista, basada en una interminable lucha por el poder. Los ciudadanos veían crecer una espiral de sangre, barbarie y terror nunca antes vista. 

Entonces, el Nadaísmo se desató como muestra del gran malestar presente en los jóvenes colombianos, debido a esta situación. El movimiento se desarrolló simultáneamente con otros grupos de diferentes partes del mundo, por lo cual en varios medios de comunicación nacionales e internacionales se habló, al referirse al Nadaísmo, “del influjo, en tierras colombianas, del existencialismo sartreano, los beatniks de San Francisco o los angryyoung men ingleses“. Frente a esto, el nadaísta Eduardo Escobar dice: ” nosotros no estábamos imitando nada. Ni siquiera hubo influencia (…) Es que eso es la literatura hermano, ya después descubrimos a Joyce, a Tolstoi (…), y se trata de la misma cosa: es la lucha contra los hipócritas que aplastan a los cándidos, a los humildes, a los que no tienen manera de defenderse”[1]

Para 1958, los nadaístas empezaron a divulgar sus ideas y se convirteron en un grupo contestatario frente a una sociedad antioqueña demasiado conservadora. Emplearon la escritura para expresarse en contra de ideologías de la época, sobre todo, respecto a la Religión y la Academia. Se quejaban de la Antioquia de aquel tiempo, por medio de  la creación de poemas, ensayos, cuentos, novelas y manifiestos, y protagonizaron varios espectáculos públicos que dejaban ver su inconformidad frente a una sociedad que ponía todos los problemas del país en manos del Sagrado Corazón de Jesús, mientras la población se moría en manos de la violencia. 

Pensaban que el mejor camino era romper toda una serie de costumbres sin sentido, de modo que buscaban mostrar nuevas razones de vida a los antioqueños, sobre todo a los jóvenes, quienes, como lo expresa el nadaísta Jaime Espinel, “se encontraban en medio de la violencia, un marcado fanatismo religioso, una política deshonesta y una muy baja calidad en la educación”. 

No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio

Los nadaístas se declaraban escépticos y preferían la negación de la institución religiosa y del catolicismo, querían rescatar la imagen de Cristo, esa de la que estaban convencidos era revolucionaria, no creían en la salvación ni en el infierno y  lo predicaban siempre que podían. En el año 1959  se reunió en Medellín el Congreso de Escritores Católicos, en cuya sesión inaugural los jóvenes nadaístas distribuyeron el “Manifiesto al Congreso de Escribanos Católicos”, en el cual se declararon no católicos y que, entre otras cosas, decía: ” …nosotros queremos ser libres y no tenemos miedo al infierno. Consideramos que el catolicismo es una ingenuidad de la razón y una cobardía”. 

Se manifestaban en contra de la Academia, puesto que  pensaban que ésta imponía demasiadas normas policivas y restrictivas al idioma y ellos preferían asumirlo “como fuente maravillosa de expresión, donde surte el habla del pueblo“. Fue entonces, cuando quemaron textos en señal de protesta “contra la rigidez y atraso de la Academia”[2].

Se dedicaban a escribir, cada uno a su manera, en torno a las situaciones sociales con las que no estaban de acuerdo en ese momento. Pensaron en la importancia de un medio sólido que los ayudara a difundir sus principios entre todos los antioqueños. Crearon entonces, la revista “Nadaísmo 70”, la cual  publicó ocho números entre 1970 y 1971. Esta revista tenía unos principios bien definidos: no estaría al servicio de ningún partido político, pero cuando fuera necesario asumiría posiciones “críticas o beligerantes contra movimientos hostiles al progreso, partidos reaccionarios o totalitarios que constituyan una amenaza para la cultura humana, la paz mundial, la libertad de expresión…”[3]  En efecto, ésta presentó algunas opiniones referentes a la política, pero es curioso que en realidad, quien más textos escribió en torno al tema fue Gonzalo Arango, no sólo en la revista, sino en otros medios.

   Eduardo Escobar, Jotamario Arbeláez y Elmo Valencia

¿Discurso político del Nadaísmo o de Gonzalo Arango?

Arango siempre pensó que era necesaria una tercera fuerza para acabar con la violencia bipartidista, sin embargo, luego de lo ocurrido el 10 de mayo de 1957, se mostró a favor de los muchos jóvenes que aportaron “su sangre y el sentido heroico del sacrificio para derrumbar una tiranía castrense que al fin de cuentas fue una vergüenza que defraudó la fe de los colombianos y cubrió de ignominia la libertad y la cultura”[4]

A partir de entonces, expresaría otras cuantas cosas referentes a la política colombiana, siempre dejando claro que ni los otros nadaístas ni él militaban bajo ningún partido. Por ejemplo, al acercarse las elecciones del 19 de abril de 1970, Arango decidió escribir sus opiniones hacia los candidatos Sourdís, Pastrana, Rojas y Belisario Betancur, mostrando una notable simpatía por este último: “BELISARIO, O LA DEMOCRACIA. Pastrana, o la oligarquía. Rojas, o la dictadura. El resto vale menos”[5]

Frente al tema de la política en el Nadaísmo, Jaime Espinel dice que  “el discurso político del movimiento pretendía ser anarquista desde el principio”, lo cual es compartido por Jotamario Arbeláez, quien expresa que “el nadaísmo se creó hace 50 años para denunciar la farsa de la política. Los nadaístas, por tanto, hemos cometido errores políticos cuando nos aproximamos a alguno. Sea de derecha, centro o izquierda… Por falta de definiciones, el nadaísmo no es ya el movimiento anarquista que nos propusimos. Cada uno quedó en libertad de actuar a su antojo“. 

Citando a otro de los nadaístas, Alberto Escobar, “no existió un discurso político determinado en el Nadaísmo como movimiento, sino que más bien existió el discurso de los nadaístas, porque cada uno tenía un punto de vista diferente”. Sin embargo, Gonzalo Arango era quien presentaba un discurso político más definido. Por su parte, otro de los nadaístas, Jaime Jaramillo dice: “personalmente no me he interesado nunca por la política, los nadaístas no manteníamos ideas colectivas, pues cada uno desde su individualidad tenía sus puntos de vista y nos reuníamos y comentábamos nuestros escritos. Gonzalo Arango era uno de los únicos nadaístas que se interesaban por la política”.

Una generación degenerada

Además de los textos escritos, los nadaístas querían entregar mucho más a Antioquia.  “El Nadaísmo no fue ni siquiera una filosofía, fue más bien una manera de cambiar de vida, por eso escandalizamos tanto a la sociedad, porque empezamos a fumar marihuana, a vestir diferente, a llevar el cabello largo, a apoyar el amor libre”, explica Alberto Escobar. Fue por esto, que los jóvenes nadaístas eran vistos como una “generación degenerada”, eran rechazados por gran parte de la sociedad, pero seguían mostrándose rebeldes y en contra de los parámetros tradicionales de los antioqueños. Esa fue la razón por la que algunos de ellos fueron enviados a la cárcel en varias ocasiones, acusados de “terrorismo verbal” y fueron excomulgados por actos públicos en contra de la Iglesia.

¿Todo llega a su fin?

La desgracia llegó a la vida de muchas personas el 25 de septiembre de 1976, cuando con solo 45 años, el fundador del Nadaísmo murió en un accidente automovilístico en Tocancipá, Cundinamarca. Con la tragedia no se acabó el movimiento, ya que con discurso político o no, trajo una serie de eventos muy importantes para la sociedad antioqueña, aunque  no sea recordado o conocido en su totalidad por las generaciones actuales. Este movimiento le enseñó a Antioquia un lado diferente de la vida y, a través de la escritura, los jóvenes denunciaron muchas injusticias sociales del país, con el fin de “ofrecer un ámbito espiritual, desintoxicador, ser un movimiento de expansión espontánea para el libre desarrollo de las ilusiones y la sensibilidad”[6]

Como movimiento consolidado, ya no queda nada del Nadaísmo. Al igual que Gonzalo, otros pasaron a mejor vida, Darío Lemus, Amílkar U y Alberto Escobar fallecieron, pero dejaron un legado muy importante para las generaciones antioqueñas actuales, sobre todo por medio de distintos textos que han tenido diversos destinos. Algunos han sido galardonados con premios, otros tantos permanecen escondidos en alguna biblioteca y solo son conocidos por unos cuantos interesados en el tema, esos que valoran el espíritu revolucionario de los jóvenes que vivieron la Antioquia de los años 50. 

Es, por tanto, imposible decir que el Nadaísmo murió. “El Nadaísmo no ha muerto, no murió, porque cada uno de los integrantes sigue escribiendo su obra”, así lo dijo Jaime Espinel, quien en su momento fue otro de esos jóvenes despelucados. Pese a que los muchachos rebeldes crecieron y encontraron rumbos diferentes en sus vidas, los sigue uniendo la complicidad de que algún día quisieron cambiar la vida. En la actualidad, muchos de ellos aparecen con cierta frecuencia en los periódicos y revistas, exponiendo sus opiniones, para anunciar la reedición de algún texto nadaísta o para recordar viejos tiempos. Jotamario Arbeláez y Eduardo Escobar escriben columnas en el periódico El Tiempo. Jaime Espinel y Jotamario Arbeláez han publicado nuevo material escrito, Pablus Gallinazus se entregó a la música, su pasión. 

De cualquier modo, el Nadaísmo es recordado como el movimiento generacional que aún perdura. Aunque sea sólo cada 25 de septiembre, cuando algunos medios de comunicación abren un espacio para conmemorar la muerte de Arango. Algunos críticos hablan de un “post-nadaísmo”, para referirse a la poesía escrita después del fin del movimiento. Personas como Gustavo Restrepo, coordinador de la casa-museo Otraparte, se dedican a mantener vigente el Nadaísmo en la memoria de las generaciones actuales, páginas virtuales como gonzaloarango.com dan cuenta de ello.

Aunque las opiniones de los nadaístas difieren en muchos sentidos, no quiere decir  hayan dejado de lado su amistad y que no sigan pretendiendo una sociedad mejor, esa que querían lograr en la plenitud de su juventud, a través de un movimiento sin jefes. Al fin y al cabo, la resonancia del Nadaísmo en la sociedad antioqueña actual está en la juventud, “esa que debe luchar en contra de los mismos problemas sociales como la deshonestidad y la deshonra nacional, que son motivo para que los jóvenes se rebelen, a través de la escritura o en los festivales de poesía celebrados en muchas ciudades”, volviendo a citar a Jaime Espinel.

Fotografìas: Gonzaloarango.com

 


[1] Revista La Hoja de Medellín. Entrevista con Eduardo Escobar. Por: Juan Fernando Rojas.

[2] Revista Semana. Septiembre 24 de 2006. Edición N° 1.273. El Profeta de la Nada.

[3] Nadaísmo 70. Revista americana de Vanguardia. N°2. 1970. Bogotá (Colombia).

[4] Página Web: Biblioteca Luis Angel Arango.

[5] Nadaísmo 70. Revista americana de vanguardia. N°2. 1970. Bogotá (Colombia).

[6] ARANGO, Gonzalo. (2000). Prosas para leer en la silla eléctrica. “El Nadaísmo es una hecatombe”. Bogotá: Intermedio. Pág 118.

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